
Hablemos de evaluación educativa a través de algunas premisas.
Primera premisa:
En cualquier ámbito educativo, sea en la escuela, el colegio, la universidad; en la carrera de medicina, ingeniería, química, derecho o pedagogía, la EVALUACIÓN forma parte de su ritual. Al final de todo el proceso de enseñanza aprendizaje hay un examen, una prueba, una evaluación.
Segunda premisa:
Cada institución educativa, de una manera explícita o implícita; en su cultura institucional o en sus documentos asume un MODELO EDUCATIVO, una idea general y/o específica de cómo debiera ocurrir la enseñanza y el aprendizaje, así el modo como se relacionan e interactúan los estudiantes entre sus pares, con sus docentes y con los directivos.
Tercera premisa:
Toda evaluación supone, atendiendo la premisa anterior, una concepción educativa y toda concepción educativa propone un enfoque evaluativo. Este comprende tanto la concepción como la práctica evaluativa. No es igual la evaluación de una educación conductista que la evaluación de una educación constructivista, tienen grandes diferencias.
En toda acción evaluativa se apuesta por una opción. Las prácticas educativas evidencian la concepción educativa que asume; está referida a la concepción del ser humano y sus relaciones con el mundo. De acuerdo con ellos va a asumir una práctica, específica.
Esta forma de actuar la observamos cuando nos preguntamos:
• ¿Cómo evaluamos?,
• ¿Qué evaluamos?
• ¿Para qué evaluamos?
• ¿Evaluamos por razones administrativas o pedagógicas?
• ¿Evaluamos para castigar o para ayudar al estudiante?
• ¿Evaluamos para excluir o para desarrollar al estudiante?
Cuarta premisa:
La evaluación se efectúa en directa relación con la metodología del proceso educativo (con el modo como “se la clase”); por consiguiente, como no hay formas únicas de educar ni de enseñar, tampoco existen recetas ni formas únicas de evaluar.
Tal como se educa y se enseña, se debe evaluar. No se debe educar o enseñar de una manera y evaluar de otra. No es coherente tomar exámenes trimestrales, escritos u orales, si se trabajó mediante prácticas, dinámica grupal o investigación o caso contrario, tomar exámenes prácticos, basados en casos, etc., si se ha enseñado únicamente de manera magistral.
Quinta premisa:
No es posible evaluar bien, sin una buena programación. La programación de objetivos o competencias a lograr y evaluar tienen que partir, por un parte, de un diagnóstico (necesidades, posibilidades, problemas, deficiencias y/o habilidades de los estudiantes).
El primer paso para evaluar bien se debe realizar desde donde uno está y, por otra, deben establecerse varias etapas del camino, que pueden obligarnos a reprogramaciones. Estas etapas pueden estar relacionadas con el programa de estudios, así como con los tipos de evaluaciones: Diagnóstica, Formativa y Sumativa.
Sexta premisa:
En ese sentido, cuando se asume la enseñanza desde PRESUPUESTOS PEDAGÓGICOS, técnicos y científicos y no por meras “costumbres de la carrera”, requiere un seguimiento permanente y participativo de las etapas o pequeños pasos observables, con la correspondiente retroalimentación para establecer los correctivos, estímulos o alternativas, que permitan a los alumnos tener una conciencia clara de sus propios procesos y estrategias (metacognición) y al docente una reprogramación de objetivos y recursos metodológicos.
Sétima premisa:
Así como no hay una metodología única de enseñanza, no debe evaluarse permanentemente de un solo modo. Debe seleccionarse entre los diversos procedimientos existentes o inventar otros nuevos que garanticen una apreciación justa de los logros obtenidos.
Deber ser el criterio del equipo, la experiencia y la idoneidad del docente, o la necesidad del grupo-clase, lo que determine el procedimiento a emplear al momento de evaluación educativa.
Octava premisa:
Un buen docente, para lograr una mejor evaluación se plantea preguntas básicas y fundamentales antes de seleccionar un instrumento de evaluación. En el siguiente esquema se pueden visualizar las relaciones entre las preguntas y los instrumentos de evaluación

A partir de todas estas premisas es necesario hablar de las dos últimas preguntas.